Ruta de la Seda: reportaje del viaje del 2009

IX viaje a China de la Fundación Hun Yuan España:La Ruta de la Seda

Desde hace unos 1600 años, comerciantes, peregrinos budistas, incluso una princesa china prometida a un príncipe tibetano utilizaban el llamado “el Corredor del Noroeste” para realizar sus viajes del este al oeste. Una ruta llena de abundancia en su inicio para irse convirtiendo en un desafío sobrehumano Llegaba hasta la  frontera oeste de la antigua china que estaba celosamente custodiada por la Gran Muralla. Era la Ruta de la Seda.

Aunque fue concebida como una ruta comercial, el intercambio cultural entre el Este y el Oeste dejó una huella muy honda en todos sus lugares de paso. A lo largo de la ruta confluyen el islamismo, el budismo y el taoísmo. Es una gran región multiétnica con costumbres y paisajes muy diferentes de lo que conocemos de China. Para ver esta “otra cultura” de China, la fundación Hun Yuan España eligió algunas ciudades de la Ruta de la Seda como destinos para su viaje de verano de 2009.

Un grupo de 20 alumnos emprendimos este viaje el día 1 de julio desde diversas regiones de España. Aviaje_rutadelaseda-6 diferencia de la ruta original, nuestro viaje se inició en Beijing y no en Xian. Este “drástico” cambio geográfico fue debido a la necesidad de adaptarnos al moderno itinerario de las aerolíneas, y a la razón más importante que era poder reunirnos con los maestros de nuestro linaje.

El maestro Feng Zhi Qiang seguía con la misma vitalidad y jovialidad. Parece que fue ayer cuando nos despedimos de él en el último viaje. Hicimos un corto descanso de dos días  en Beijing. La tercera noche ya estábamos alojados en el hotel de Urumqi, la capital de la región de Xinjiang a unos 3300 kilómetros de Beijing.

La región de Xinjiang es inmensa y ocupa la sexta parte de China. En ella conviven muchas etnias. La mayoría étnica de esta región autónoma son los Uygur que profesan el Islam. No obstante, la etnia Han, conocido comúnmente como los chinos forma la población mayoritaria en Urumqi – la capital de Xinjiang.

Al llegar a Urumqi, nos explicaban que cada etnia se concentraba en diferentes barrios, por lo que los lugareños solían hablar de las diferentes zonas de la ciudad como el barrio de los Han, el barrio de los Uygur o el barrio de los Hui que era otra etnia musulmana de distinto origen. Por ejemplo, nuestro hotel estaba en el barrio de los Han y haríamos una cena con espectáculo en el barrio Uygur a la noche siguiente.

Amanecimos el día 5 de julio en Urumqi. La ciudad se nos presentaba un ambiente normal como cualquier capital. Esta mañana nos dirigíamos hacía la montaña Celeste a unos 100km de la ciudad. Durante el trayecto, pudimos ver que aun se conservaba la vida nómada en esta zona. Había tiendas de pastores y rebaños de ovejas a lo largo de la carretera. Al cabo de casi una hora y media de camino, nos encontramos al pie de unas altas montañas que nos recordaban, más bien, a los sistemas europeos con sus gigantescos abetos rozando los teleféricos.

Antes de proseguir con el paseo, escogimos un rincón para practicar. ¿Cómo podríamos perder la ocasión de recoger la energía pura de esta montaña? Nuestros guías y algunos otros turistas chinos también se unían a nuestra sesión de Chi Kung. Tras recargarnos de la energía “celestial” de la Montaña Celeste, nos acercamos al Tian Zhi, el Lago del Cielo.viaje_rutadelaseda-254

Rodeado por altos picos nevados y ubicado a 2000 metros sobre el nivel de mar, el Lago del Cielo era como un paraíso terrenal. Según las antiguas leyendas, este lago fue el lugar preferido de las celebraciones de los dioses. En la ladera de una de sus montañas, había un templo taoísta que era el lugar de peregrinaje de muchos taoístas taiwaneses. La historia empezó cuando un maestro taoísta de Taiwán soñaba constantemente con un templo que estaba delante de un lago. Era la época de los bloqueos entre China y Taiwán, por lo que  este maestro nunca se imaginó que encontraría este templo en China hasta la instauración de la libre entrada a China para los taiwaneses en los años 90. En su viaje a Xinjiang, vio el templo de su sueño aquí en Tien Shan. Desde entonces, la peregrinación de los monjes taiwaneses es constante en verano, ya que en invierno, el acceso al lago está cortado por las grandes nevadas.

Tras esta apacible visita en unos de los paisajes naturales más famosos de China, volvimos a Urumqi. Unas pocas horas de libre paseo por alrededor del hotel, nos preparábamos para hacer una cena con espectáculo en el Barrio Uygur.

Día 5 de julio a las 8:20 de la tarde llegamos al restaurante con normalidad. La verdad que disfrutamos mucho de esa velada. En teoría íbamos a volver sobre las 10:00 al hotel para descansar la jornada. Pues, el descanso lo tuvimos que hacer dentro del restaurante con otros 300 comensales, aunque éramos los únicos europeos.

Al terminar el espectáculo, pidió la presentadora a todos los comensales que nos quedáramos un tiempo más, ya que al parecer, había algún problema callejero en el barrio. Estábamos tan tranquilos y seguíamos con nuestra fiesta y bromas. Tras un tiempo de espera algo inusual, ya empezábamos a oler la gravedad de este conflicto callejero. Se  empezaba a sentir nerviosismo en este gran comedor con centenas de personas esperando noticias. Nuestra guía local que era, por cierta, una persona fabulosa de la etnia Uygur, nos pidió un favor, que en realidad estaba todo el grupo esperando ansiosamente: actuar en el gran escenario para distraer y calmar al público allí presente. No nos hicimos rogar. Encabezado por Pedro, saltaron los chicos en un santiamén al escenario. Con solo dos micrófonos hicieron un espectáculo musical con sabor a España. Pedro cantó todo el repertorio que podía recordar haciendo bailar a casi todo el público. Nadie reparaba en las horas que pasaban ni el desarrollo del conflicto en la calle. Estábamos protegidos por las puertas del restaurante  y por la alegría de “estos turistas españoles”.

No subí al escenario para ir averiguando qué estaba pasando. No podía ver la situación del fuera desde las ventanas del restaurante, ya que había una cornisa muy ancha que impedía la visión directa a la calle. Nervioso se acercó nuestro chófer del autocar con una caja de agua diciéndome que la guardara solo para nosotros, ya que el restaurante no tenía más reserva de agua potable y podríamos tener que pasar la noche dentro del restaurante. – Pues debe de  ser muy grave la cosa  –  pensé. Pero en ningún momento se veía peligrar nuestra propia situación.

Como a Pedro ya se le estaba agotado el recurso musical, el restaurante puso canciones  marchosas para seguir animando al público. En el escenario había duelos espontáneos de baile. ¡Eran los españoles contra los bailarines del teatro! He de reconocer que nuestros chicos eran unos bailarines fantásticos y sus movimientos estaban totalmente a la altura de los profesionales. Después de este baile improvisado, una pequeña práctica de la forma de Hun Yuan con el maestro Chen Xiang ayudó a todos a recuperar la energía derrochada.viaje_rutadelaseda-208

Mientras tanto, me iban informando de la situación. El director del restaurante me hizo pasar a su despacho como responsable del grupo. Quería asegurarse del número de extranjeros que se encontraban en el local. Además de nosotros, había un pequeño grupo de visitantes de Taiwán y otro de Singapur. El resto eran turistas nacionales. El objetivo primordial del director y del responsable de la ciudad era darnos protección y escolta hasta el hotel. Y así se hizo. Sobre la 1 de la mañana nos avisaron que podíamos volver al hotel con la protección de la policía armada (sería como los antidisturbios en España), que por su equipamiento, se le confundía muchas veces por soldados del ejército nacional. El maestro Chen me enseñó cómo distinguirlos por la insignia que llevaban en sus gorras. El ejército lleva el símbolo de la bandera nacional, y la policía armada lleva el símbolo de 81 escrito en número chino. Es prácticamente la única diferencia, ya que iban armados hasta los dientes como si fueran a la guerra cual los soldados.

Bajamos por la puerta trasera. Había toque de queda en la ciudad. Se cortó la luz de la zona de conflicto y la línea telefónica para evitar las comunicaciones entre los instigadores. Cuando pudimos salir del local, vimos que el cristal de la puerta del restaurante estaba hecho añicos al igual que algunas ventanas de nuestro autocar. Al principio íbamos a volver al hotel en furgones policiales, pero al final, dejaron que fuéramos en nuestro autocar. La policía nos abrió paso hasta subir al bus. Vinieron unos cuantos con nosotros. Tuvimos que sentarnos en las últimas filas con las cortinas cerradas. Nuestra escolta no solo aseguraba nuestra seguridad, también controlaba que no husmeáramos la situación en la calle. Aunque siempre había algún hueco que otro para espiar algo. Las calles parecían tranquilas, incluso en algunos cruces, pude vi gente andando con toda la normalidad. Avanzamos varias calles sin incidencia. Tras aproximadamente unos 10 minutos, llegamos ya  a la zona segura y nuestro grupo de escolta bajó del autocar dejándonos seguir el camino hacia el hotel solos. Ya con todas las cortinas abiertas, pudimos comprobar que por donde estábamos circulando presentaba un aspecto de absoluta tranquilidad. ¡Por fin, llegamos al hotel! Una buena ducha y a descansar de verdad.

Desde la ventana de nuestra habitación, divisábamos una zona totalmente oscura que sería el barrio conflictivo con la luz cortada. A lo largo de la noche, se seguía oyendo sirenas. El conflicto aun no había acabado. Nos enteramos al día siguiente que se reavivó la revuelta a media noche. Nos contaron la guía y el chófer que otro grupo de turistas que salía sin escolta policial sobre las 3 de la madrugada se vio envuelto en medio de una batalla campal entre dos bandos étnicos. El chófer tuvo que pedir auxilio a otros compañeros de profesión por teléfono para encontrar ruta alternativa. Por suerte, pudo escaparse con solo unos cristales rotos.

A la mañana siguiente aguardábamos en el hotel porque no podíamos seguir nuestro programa de visita. Justamente ese día íbamos al Gran Bazar que estaba en la zona del conflicto. Por nuestra seguridad, en lugar de dormir una noche más en Urumqi tal como teníamos previsto según la ruta programada, los guías decidieron irnos a Turpan y alojarnos allí en cuanto nuestro autocar repusiera los cristales.

Como había muchas demandas de reparaciones de lunas esa mañana, tuvimos que esperar hasta después de comer. Así que aprovechábamos la mañana para practicar en el aparcamiento del hotel. No era la Montaña Celeste con su energía pura, pero era el lugar más seguro de Urumqi.viaje_rutadelaseda-31

Después de comer, nos alejamos de Urumqi con destino a Turpan. A lo largo de la mañana, nos fuimos enterando de lo que pasó la noche anterior. Todas las cadenas televisivas nacionales e internacionales informaban de la revuelta. Nuestros móviles no paraban de recibir mensajes de familiares y amigos preocupados por nuestra situación. A decir la verdad, aunque estábamos en el lugar del suceso, estábamos ajenos del peligro. Nuestros guías, el chófer, el director del restaurante y la policía se comportaron de manera ejemplar con nosotros. En ningún momento ni siquiera pensamos en pedir ayuda a la embajada española. No veíamos necesidad aunque nos daría la oportunidad de salir por la televisión de China y de España: “20 turistas españoles atrapados en la revuelta étnica de Xinjiang y la embajada española en China pide a la autoridad china protección y evacuación inmediata de estos ciudadanos españoles”. Sería una gran noticia para el mundo occidental, pero nos estropearía el resto del viaje. Así que optamos por confiar en nuestros guías y en nuestra intuición. Proseguimos hacía Turpan sin darle quebraduras de cabeza a nuestro embajador en China. En la carretera, cruzábamos con algunos convoyes militares que iban hacia Urumqi para tomar el control de la zona.

Entre Urumqi y Turpan había una gran extensión desértica con un lago de alto contenido de sal al que llamaban el “Mar Muerto Chino”. El viento soplaba sin cesar. Por algo estaba construida en este lugar la estación eólica más grande de Asia. Pasada la estación había una franja por la cual la fuerza del viento a veces era tan extrema que  podía llegar  a descarrilar un tren en marcha. Por suerte el viento soplaba “suave” cuando pasamos, el autocar conseguía mantener sus ruedas rodando en la carretera. Una hora más tarde, se cerró el paso por la velocidad excesiva del viento.  Afortunadamente habíamos llegado a Turpan.Ruta de la Seda 2009

A diferencia que Urumqi, la población de Turpan es mayoritariamente Uygur. Por lo que la tradición Uygur es mucho más presente en esta ciudad. Incluso es algo distinto el sistema educativo. Mientras en Urumqi la enseñanza de la lengua Uygur y la religión islámica se lleva de forma simultánea con la educación estatal china, en Turpan, los niños no empiezan a aprender la lengua y la cultura china hasta que dominen la lengua Uygur.

La ciudad de Turpan es pequeña. Situada por debajo del nivel del mar, su clima es muy caluroso y seco, con un promedio de 22mm anual de lluvia. No me he equivocado de medida, milímetros. Es que no llueve nada. Nos explicó la guía local que la ciudad se abastecía del agua de deshielo de Tian Shan a través de un sistema milenario de canalización subterránea llamado los Pozos Karez. Este sistema cuenta con más de 5000km de canales. Hoy en día Turpan sigue dependiendo del agua canalizada por esta ingeniería antigua.  A pesar de su clima desértico, Turpan es uno de los mayores productores de uvas, melones y sandia de China. Suministra sus cultivos crecidos en medio de un gran desierto al resto del país.

Según nos contó el jefe de una pequeña aldea, los  agricultores trabajaban en cooperativas para sacar mayor rendimiento económico de sus cosechas. Desde la implantación del sistema cooperativo, el ingreso per cápita de la aldea pasaba de ser 400 yuanes anuales a más de 5000 yuanes anuales. Muy orgulloso nos decía que con estos ingresos, había podido dar becas a algunos jóvenes para cursar sus estudios universitarios. Incluso dejaron de necesitar las subvenciones gubernamentales. Eran completamente autosuficientes. Para nuestro nivel de vida, era imposible entender esta autosuficiencia, dado que 5000 yuanes equivalían a unos 500 euros. Esta cantidad resultaría muy escasa incluso para sustentar un mes de nuestra vida en el occidente, sin embargo, los agricultores de Turpan estaban pletóricos con sus 500 euros anuales. ¿Realmente gozamos de mejor vida en el Occidente o somos más esclavos del dinero? Una pregunta quizá difícil de afrontar, pero la respuesta parece más obvia cuando nos ponemos ante una realidad diferente que la nuestra.

Además de los pozos Karez, hubo más lugares interesantes en Turpan para conocer. Pudimos remontarnos en 2000 años paseando por la antigua ciudad de Xiaohe. Teniendo en cuenta su construcción en adobe, la ruina de Xiaohe ofrecía un valor histórico incalculable por su buen estado de conservación. La falta de lluvia fue y seguramente seguirá siendo el mejor “conservante” de esta extensa ruina.viaje_rutadelaseda-38

También nos dejamos abrasar por el calor de la Montaña Llameante. Tal como indicaba su nombre, era como una montaña en llama. Su temperatura oscilaba entre los 50ºC en la falda hasta los más de 70ºC en la cima. De hecho había un cartel de aviso prohibiendo rotundamente subir por las laderas. Se podría cocer un huevo simplemente enterrándolo dentro de la arena. Estando allí, podíamos imaginarnos las adversidades que se enfrentaban los comerciantes al llegar a este tramo de la Ruta de la Seda. Kilómetros y kilómetros de desierto y condiciones climáticas extremas desafiaban la resistencia física y mental de quien quería llegar a su destino. Allí radicaría el alto precio de la seda cuando conseguía llegar al Occidente.

Uno de los viajeros más famosos de esta ruta era el Monje Tang que vivió hace unos 1400 años    Utilizó esta ruta para llegar a la India y volver con los sutras budistas.  Unos 17 años tardó en regresar con sus casi 700 sutras a la antigua capital China, actualmente Xian. Las vicisitudes del Monje Tang fueron noveladas y mitificadas en una antigua literatura china llamada “Viaje al Oeste”. Su paso por la franja del viento y por la Montaña Llameante fue uno de los capítulos más emocionantes del libro.

También visitamos una mezquita. Allí nos explicó nuestra guía local las diferentes ceremonias que se hacían, sobre todo, la ceremonia funeraria. Una cosa nos llamó la atención – el entierro del difunto, ya que en China es obligatoria la incineración del cuerpo por la falta de terreno para los cementerios. Sin embargo, se respeta la tradición islámica de los Uygur y el difunto es enterrado y no incinerado. Hablando con el maestro Chen y con los guías, pude averiguar que las leyes  como la de la incineración,  la del hijo único y la del programa de educación, etc. eran más flexibles, e incluso diferentes para las etnias minoritarias. No era fácil mantener una buena convivencia entre tantas culturas étnicas en un país tan inmenso.

Esa noche nos esperaba un recorrido de 600 km hasta Dunhuang en un tren-cama. En la ciudad de Turpan también se empezaba a sentir tensiones. Podíamos ver algunos controles policiales en las calles principales que no estaban cuando llegamos. Los guías estaban algo preocupados por la posibilidad de un bloqueo en la estación de Urumqi desde la cual tenía que salir nuestro tren. Pero siempre tenían soluciones. El chófer estaba dispuesto a llevarnos en su autocar si fuera necesario. Aunque por el estado de la carretera y el límite de velocidad, tardaríamos casi 10 horas en llegar y tendríamos que pasar una noche en otra ciudad a mitad del camino. Como podéis comprobar que siempre nos “ceñimos estrictamente” a nuestro programa de viaje sin modificarlo “más de lo necesario”.

Por fin nuestro tren salió de Urumqi puntualmente, por lo que significaba que también dormiríamos en el tren esa noche, ¡qué alivio! Dejamos la región de Xinjiang. Sentíamos tranquilidad por poder alejarnos del foco de conflicto, sin embargo, también pena por tener que despedirnos de nuestra guía local y del chófer que se ocuparon en todo el momento de nuestro bienestar y seguridad. Ahora nos tocaba a nosotros preocuparnos por su situación en Urumqi donde vivían ambos. En los días siguientes, fuimos interesándonos por ellos y la situación en Urumqi. Al parecer ya no hubo más incidencia importante y ellos seguían trabajando con toda la normalidad.

viaje_rutadelaseda-230Una vez fuera de la región de Xin Jiang, nuestro viaje era  mucho más relajado. Podíamos dedicarnos a disfrutar, si aún cabe más, de las prácticas y de las visitas. En Dunhuang, paseábamos por sus calles tranquilamente como cualquier turista. Por cierto nos sorprendió encontrarnos con una ciudad tan moderna y extremadamente limpia en medio de este paraje tan duro. Era un gran oasis rodeado de kilómetros de arena. Un desierto de 2500 km cuadrados llamado “Las Dunas de las Arenas que Silban” estaba al final de la avenida principal de la ciudad.

Después de comer y aprovechando que aún había pocos turistas a esa hora de sol sofocante, nos adentramos en el desierto para ver el famoso “Manantial de la Luna Creciente”. Era un manantial natural que resistía la invasión de las arenas desértica y emanaba agua sin cesar desde hace más de 800 años. Durante el apogeo de la Ruta de la Seda, fue una residencia de descanso para los nobles de la antigua china. Su hermoso jardín estaba cubierto de césped,  árboles y flores. Hicimos nuestro paseo y prácticas en el desierto hasta el atardecer.viaje_rutadelaseda-220

Dunhuang fue el centro del budismo durante muchos siglos. Sus legados quedaron plasmados en los centenares de cuevas de Mogao. Hoy en día estas cuevas están catalogadas como Patrimonio de la Humanidad y se han convertido en la referencia de la época más esplendorosa del budismo en China.

El intercambio cultural entre el Oriente y el Occidente se podía ver reflejado claramente en los miles de pinturas y esculturas de Mogao. Las técnicas eran tan depuradas que después de 1600 años, aun podíamos apreciar el bello colorido de sus pinturas y las vivas expresiones de sus esculturas.

Aunque hace unos años se encontró accidentalmente una estancia, que fue utilizada por un monje para su retiro, oculta dentro de un lateral de una cueva en restauración, en realidad se construían las cuevas únicamente como altares de ofrenda. Todas las esculturas y pinturas fueron obras encargadas por nobles, comerciantes y familias pudientes. Tenían que ofrecer su fe con un acto generoso para que su vida pudiera ser protegida y recompensada por la energía divina. En esa época, se fundía la superstición popular con la devoción religiosa. Pero gracias a ello, hoy en día, estamos contemplando a una de las maravillas culturales del budismo.

viaje_rutadelaseda-125Nuestra ruta seguía hacia Jiayuquan, la fortaleza situada en el extremo oeste de la Gran Muralla China. Esta fortaleza fue construida para frenar la invasión de los mongoles. Una vez allí, no resultaba difícil imaginarnos las condiciones hostiles que debían superar los soldados para defender esta entrada. Para poder experimentar esta labor militar, una gran parte del grupo se puso los trajes de los soldados de la época formando un ejército algo peculiar. Menos mal que en lugar de flechas, los “invasores modernos” que estaban en la muralla disparaban fotos a este ejército resucitado del siglo XXI. ¡Nos habíamos convertido en una atracción turística del lugar!

En medio de un tramo de la muralla bastante alejado de la fortificación, había un templo budista muy humilde. El lugar emanaba una energía especial. Vivían allí tres monjas muy mayores. El encuentro casual y entrañable con una de ellas nos dio la nota final de una jornada memorable.

Nos esperaba otra noche en tren, pero esta vez la estación era mucho más rural. Cuando llegó el tren, nuestro grupo estaba remetido entre centenares de chinos ansiosos por subir. Para poder mantenernos juntos y que no se nos perdiera ningún compañero entre este gentío, tuvimos que abrir un pasillo a los compañeros empleando a fondo las técnicas de bloqueo y enraizamiento. Éramos dos contra un mar de chinos impacientes por romper nuestra barrera. Por poco provocamos otra revuelta en la estación. Al final, todos subimos sanos y salvos al tren. Arrancamos de inmediato hacia Lanzhou.

Lo primero que hicimos era desayunar los famosos fideos hechos a mano de Lanzhou. Era todo un espectáculo ver como se hacían estos fideos finos y de un largo interminable. Todo el proceso era a mano y  hecho en muy pocos minutos. Era una comida que simbolizaba la longevidad, por lo tanto, un plato imprescindible para los cumpleaños. Justamente coincidimos con el cumpleaños de Pedro, así que tuvimos los fideos y también el pastel de cumpleaños según la tradición occidental. Esa mini fiesta de cumpleaños nos proporcionó un descanso entre la noche del tren y las 5 horas de carretera que nos llevaría al lago Qin Hai en la meseta tibetana.

El contraste era muy grande. Del desierto habíamos pasado a un valle fértil. El paisaje cogió otro tono. Verde y amarillo extendían por todas las laderas de las montañas. Elemenviaje_rutadelaseda-142tos del budismo tibetano adornaban el lago Qin Hai (el Mar Verde) que medía unos 360 kilómetros de circunferencia y 180 km de diámetro. Alrededor del lago pastaban nómadas tibetanas sus ovejas y yaks. Paseando por la orilla de Qin Hai, entendimos el porqué se le llamaba Mar siendo un lago. Además de tener el agua salada, su aspecto y su gran dimensión hacía difícil creer que era un lago. Además cuando los barcos surcaban en la superficie, provocaban pequeños oleajes que arrastraban algas a su orilla. Viendo esto, la sensación de que estábamos delante de un mar era aún mayor. Después de tantos días viendo solo arenas, una mañana de paseo viendo el “mar” era muy gratificante.

Volvimos a la ciudad de Xilin para descansar la noche. A la mañana siguiente nos tocaba visitar un lugar de peregrinación para los budistas tibetanos  – el monasterio de Ta´er,  donde nació Tsongkapa, el fundador del linaje Guelupa. Según nos contó el guía local, había unos 3000 monasterios tibetanos repartidos en toda China y éste era uno de los más importantes con unos 600 monjes viviendo en él actualmente.

La  extensión del monasterio era considerable grande. Todo el conjunto monástico contaba con diversos edificios para la estancia de los monjes y varias salas-templos para los oficios ceremoniales. Solo 3 de estas salas estaban abiertas a las visitas eviaje_rutadelaseda-161xternas. Ese día había tal aglomeración de turistas que conseguimos solo entrar a dos de ellas. En una de ellas, guardaba la reliquia más apreciada del lugar. Se trataba del árbol de bodhi que creció justo donde nació Tsonkapa. Este árbol estaba conservado dentro de un pequeño templo y cubierto por una estupa, por lo que no tenía contacto directo ni con el sol ni con el agua, sin embargo, seguía vivo. Al parecer, recibía nutrientes a través de la raíz de otro árbol bodhi que estaba en el exterior del templo. Era un milagro sostenido por la fe y por la energía de la naturaleza. Esta visita a la región de Qin Hai nos dio la oportunidad de ver que la cultura tibetana florecía también fuera de Tibet.

Tras dos días en la meseta tibetana, regresamos a Lanzhou a la orilla del Rio Amarillo. En esta ciudad, nos tocó un medio de transporte nuevo, la lancha rápido. Una hora en este barco motorizado surcando sobre la fuerte corriente del Rio Amarillo no era precisamente un crucero relajado. En varias ocasiones, pensábamos que la lancha iba a partir en pedazos cuando chocaba contra las olas. El destino de nuestra aventura fluvial era el Monasterio Bingling.

El monasterio fue descubierto hace unas décadas de años durante la construcción de la presa de Jiaxia en esta parte del Río Amarillo. En su apogeo, el monasterio llegó a albergar a unos 3000 monjes y su esplendor quedó reflejado en una lámina antigua. En ella se podía contemplar el monasterio como un gran conjunto de edificaciones que se extendía hasta la otra orilla del rio.viaje_rutadelaseda-172

En Lanzhou, se podía palpar una buena convivencia entre el budismo y el islamismo gracias al respeto y la aceptación mutua de las diferentes etnias de esta ciudad.  Nuestro guía local de Lanzhou era de la etnia Hui, por lo tanto, era musulmán. Pero a diferencia de los Uygur de Xinjiang, la fisionomía de los Hui era muy parecida a la de los chinos y su cultura estaba mucho más integrada a la china. Sería muy difícil distinguir los Hui de los chinos si no fuera por los adornos religiosos que utilizaban cada etnia.  Curiosamente los Hui no compartían forma de pensar de los Uygur, aunque pertenecían a la misma ideología religiosa.

Después de pasar casi diez días entre diferentes culturas étnicas y religiosas, volvimos a Beijing para retomar la imagen habitual que teníamos de China. Nos quedaban aún por realizar una parte imprescindible del programa del viaje.  Aprovechamos los dos últimos días para acumular más compras, para despedirnos de los maestros, para dejarnos la garganta en el Karaoke, para cerrar a presión todas las maletas que estaban a punto de reventar y finalmente volver a España con un montón de anécdotas por compartir.

No era un viaje más, sino otra gran experiencia de la vida. Sin duda, muy pronto volveremos a embarcarnos en otro viaje inolvidable, y habrá otra historia maravillosa que contar.

Para ver todas las fotos de este viaje, pinchar el álbum del viaje “Ruta de la Seda” en la galería de fotos.

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