Reportaje del 6º viaje a China de junio de 2007

A finales de junio de 2007, un grupo de 43 personas de la Asociación Hun Yuan España realizamos el 6º viaje a China. Los lugares elegidos para esta ocasión fueron Beijing, Xian y un crucero por las Tres Gargantas.

Como todos los viajes anteriores, al llegar a Beijing, nos recibieron todos los maestros calurosamente. El maestro Feng mostraba una vitalidad jovial a pesar de sus ya 81 años. Muy ilusionado se mostró por recibir de nuevo la visita de los practicantes de Hun Yuan España. Hubo regalos para todos los alumnos españoles, e incluso se preparó una celebración de cumpleaños a una de los compañeros de viaje con tarta incluida. Sin duda, el vínculo familiar que los maestros de Beijing sienten por los alumnos de España hace que cada viaje sea una experiencia emotiva.

El crucero por las Tres Gargantas fue el programa más esperado por todo el grupo. Tras una breve estancia en Beijing, volamos hacía el sur de China para coger el barco. Subimos a bordo por la noche en el muelle de la ciudad de Yichen, por lo tanto, aun no podíamos apreciar el paisaje maravilloso que nos esperaba los días posteriores.

La primera mañana a bordo fue toda una grata sorpresa. El barco zarpó muy pronto hacia la Gran Presa. El grupo estábamos inmersos en la práctica de Chi Kung matinal con el maestro Chen Xiang en la cubierta cuando divisábamos entre una neblina el valle que abrazaba el río. De repente, nos vimos navegando sobre el agua barroso de río Yangtze entre dos laderas frondosas de la garganta. El cauce se ensanchaba en algunos tramos y se estrechaba en otros abriéndose paso por las montañas. Las diferentes formaciones rocosas, las vegetaciones, las afluentes y las aldeas a las orillas conformaban el paisaje paradisíaco del río más largo de China que nos recibía majestuosamente.

Durante los 5 días que duró el crucero, el barco se convirtió en el centro de práctica de nuestro grupo. Antes del desayuno, la cubierta del barco era el lugar idóneo para cultivar el Chi. La energía del río, de las montañas, del cielo y de toda la naturaleza que nos rodeaba alimentaba nuestra práctica. Por la tarde, el sol castigaba tanto que habíamos de cambiar el lugar de práctica. La discoteca del barco se transformaba, a petición nuestra, en nuestro gimnasio particular. La tripulación era tan amable que hasta nos ponía música para acompañar nuestras sesiones de prácticas, mientras los demás pasajeros procedentes de otros países nos miraban respetuosamente. Se notaba que nuestro grupo no era un tour corriente de viaje organizado. Había excursiones en tierra cada día. Desembarcamos para visitar la Gran Presa. Pudimos comprobar cómo la tecnología de la ingeniería humana había dispuesto a retar a la grandeza de la naturaleza, pero por el bien o por el mal de la humanidad aun está por ver. Hemos de reconocer que era una obra grandiosa e impresionante. En los días siguientes, fuimos visitando otras ciudades del río. El día que hicimos una pequeña travesía en barcaza por una de las afluentes del río, nos dimos cuenta del enorme impacto ambiental que había causado la Gran Presa. En lugar de un riachuelo de apenas de dos metros de profundidad, estábamos surcando sobre un río caudaloso con casi 60 metros de nivel de agua. Parte de la vida aldeana del río cambió para siempre.

Todas las noches después de la cena, la práctica de la meditación era la gran cita para todo el grupo. Aunque a veces algunos alumnos cambiaban la postura meditativa por las camillas de masaje del barco. Era comprensible, ya que la reflexoterapia en manos de la doctora en medicina china realmente valía la pena.

Llegó la noche de despedida. El capitán organizó una fiesta para la cual pedía participación de todos los pasajeros que quisieran. Conociendo el carácter alegre de nuestros practicantes, nadie se hizo rogar. Nada más y nada menos que cuatro espectáculos prepararon los viajeros Hun Yuan para amenizar la fiesta: un concierto de flauta, una sevillana, una improvisada banda de acompañamiento para la danza de vientre de una pasajera americana y el plato final, una rumbita para hacer bailar a todos los presentes. La unión y la alegría del grupo Hun Yuan habían contagiado al maestro Chen Xiang, a la maestra Feng Xiu Qian y a todos los demás pasajeros que se divirtieron bailando hasta medianoche.

Después de desembarcar, nos dirigimos a Xian para visitar el emplazamiento arqueológico de las terracotas. Una vez en el lugar, podíamos evidenciar la ansía y la ambición que sentía el primer emperador chino por perpetuar. No pudo encontrar el elíxir de la inmortalidad que a toda costa buscaba en su vida, sin embargo consiguió la inmortalidad – su nombre y sus obras han sobrevivido durante casi 2200 años y seguirán viviendo en el futuro. Este descubrimiento arqueológico no es solo una maravilla histórica, sino el reflejo irrefutable del poder de creación de la mente humana. El emperador Qin quiso construir su propia ciudad con un gran ejército para albergar su alma y así nos dejó esta ciudad subterránea de 56,25 kilómetros cuadrados. Las terracotas forman solo una pequeña parte de esta ciudad-tumba. Quizás algún día toda la ciudad salga a la luz. Pero, hoy por hoy, los arqueólogos tienen que esperar pacientemente hasta que la técnica de conservación haya avanzado lo suficiente como para poder frenar el deterioro vertiginoso de los objetos excavados, de lo contrario, las revelaciones históricas de más de 2000 años podrían desaparecer en pocas décadas.

En este viaje, vimos la maravilla que nos ofrecía la naturaleza, también la que nos dejó la voluntad humana, una voluntad por crear, por perpetuar, por sentirse vivo. Tal vez debamos considerar a todas estas grandes obras que nos han dejado nuestros antepasados como una enseñanza y no meros objetos históricos. Es la enseñanza de cuán lejos se puede llegar con la voluntad humana. Si dirigimos bien nuestra fuerza de voluntad, crearemos aun muchas más maravillas, no solo en el plano arquitectónico, sino, lo más importante, en el plano humano y espiritual. Pues, tomémoslo como un mensaje de esperanza para el futuro de la humanidad.

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